Fue desde el primer minuto un duelo con mayúsculas, con dos equipos a pecho descubierto, sin esconderse tras una muralla. El Málaga y el Dortmund se ajustaron al guion que predecía idas y venidas, el buscarse la cara como dos espadachines en aquella película, 'Scaramouche', en la que faltaban escaleras y decorados ante semejante espectáculo. Así fue la ida de cuartos de la Champions en La Rosaleda, un pulso titánico, el espectáculo que había pronosticado uno de los mejores entrenador europeos, poco mediático él, llamado Jürgen Klopp. Solo faltó el gol. Esta vez los porteros arrebataron el protagonismo a los 'Golden Boy'
Pellegrini al final apostó por Saviola en punta. El mensaje era claro: una pieza más en la circulación en vez de un referente. El Dortmund lo comprobó muy pronto, con una triangulación marca de la casa que el argentino emborronó con su última decisión, cuajada de individualismo. El Málaga ya había dejado su sello. Y el equipo alemán recogió el guante. Se lanzó desaforadamente al ataque en un intento claro de marcar su terreno. Götze y Reus empezaron a recibir con cierta libertad y ya se sabe que entre la chispa que ambos poseen y la confianza que transmiten a sus compañeros en situaciones de ataque el resultado es una acumulación de hombres en torno o dentro del área.
Pero Götze y Reus no están solos. El ariete del Dortmund, el polaco Lewnadowski, es un jugador de equipo. Atrajo en un salto en la divisoria a Demichelis y Götze aprovechó que tampoco Weligton le cubría las espaldas al argentino. Por fortuna, como siempre, apareció Caballero, impasible e implacable. Como cinco minutos después con el mismo protagonista,gracias a una alocada salida de Antunes a nadie sabe dónde. Más de lo mismo. Otra vez fue 'Willy' providencial. A estas alturas, el encabezonamiento del seleccionador albiceleste, Alejandro Sabella, o su falta de vista solo son comparables al precedente de Unai Emery, el tipo que no se fijó en Isco.
Durante la primera parte siempre dio la sensación de que el Dortmund se movía como una apisonadora camino del área malaguista. Eso forma parte del ADN del fútbol alemán, pero siempre fue con el físico como arma, no con el balón. El Málaga no solo no se arrugó, sino que fue a buscarle las cosquillas. Lo hizo con la posesión, con la movilidad, con descaro. Para sentirse orgulloso. En los últimos minutos arrinconó a su rival y saboreó el gol en la recta final en dos remates consecutivos en un córner.
El ritmo de la primera parte fue tan bestial que era previsible que decayera en la reanudación. El Málaga pudo pagarlo con su habitual sesteo al regreso de los vestuarios, pero Lewandowski falló esa ocasión en la que siempre ejecuta al rival. El Dortmund ya no fue tan fiero y se estrelló constantemente en el muro formado por Toulalan e Iturra. Eso sí, su única opción fue muy clara, otra vez para Götze, pero Caballero le cerró tanto los espacios que lo obligó a un disparo demasiado cruzado.
El Málaga, que por momentos se partió en dos, acusó en el último cuarto de campo esa falta de chispa que de un tiempo a esta parte acompaña a sus virtuosos. Pese a ello, Weidenfeller estuvo colosal al responder a un tiro duro y raso que se coló entre un bosque de piernas. Poco a poco el partido fue muriendo sin remisión. La vuelta promete ser otro espectáculo sublime. Dortmund espera el martes al mejor Málaga.
que pasa amigo , te ocurre algo que no a subido informaciones .
ResponderEliminaranimo amigo que se que tu puedes .