El cuadro txuri urdin firma un buen segundo tiempo en Cornellá, en el que mereció algo más que el empate
Diez canteranos en el once. Las bajas de jugadores como Bravo, Vela y Chory provocaron que el conjunto blanquiazul se presentase en Cornellá con diez futbolistas forjados en Zubieta en su formación inicial. Todos salvo De la Bella. Y, además, de la alineación, nueve jugaron en Segunda División: Zubikarai, Carlos Martínez, Mikel, De la Bella, Markel, Zurutuza, Prieto, Agirretxe y Griezmann. Illarramendi, aunque también lo hizo de forma anecdótica en un partido en Elche, e Iñigo Martínez estaban en la cantera en aquella época. Un dato como éste no debe dejarse pasar de largo, sobre todo vista la buena segunda parte que firmó la Real, que demostró tener mucho más que un bonito once.

Un lobo con piel de cordero. El partido de Cornellá tenía su trampa. Mirando la clasificación el Espanyol aparecía en tierra de nadie en la decimotercera plaza, con once puntos de ventaja sobre el descenso y a ocho de la zona europea. Pero de la mano de Javier Aguirre, que cogió al equipo colista con sólo nueve puntos en trece jornadas, su trayectoria había sido inmaculada, al sumar 25 en 15 partidos, siendo el quinto conjunto más eficaz en este tramo del campeonato por detrás de la propia Real, el Valencia, Atlético, Real Madrid y Barcelona. Había otro dato para la preocupación, ya que desde su llegada nadie había ganado en Cornellá. Se impuso al Deportivo (2-0), Celta (1-0), Mallorca (3-2), Levante (3-2) y Betis (1-0), cediendo empates ante Sevilla (2-2) y Valladolid (0-0).

El nuevo Espanyol ha recuperado para la causa a tres veteranos como Colotto, que formó pareja con acierto en el eje de la zaga con el mexicano Héctor Moreno, Capdevila -que lesionado dejó su hueco al joven Víctor Álvarez en la banda- y Simao, autor de la asistencia del primer tanto de la tarde, con los que no contaba Pochettino y que le han dado un mayor empaque competitivo. Además, Aguirre ha devuelto a Sergio García a sus orígenes de delantero centro, desde donde puede explotar más sus virtudes en el uno contra uno al tener mayor movilidad como demostró en las acciones de los dos primeros goles locales -marca y asiste-, y convencido a Stuani de que también puede hacer daño en una de las dos esquinas, como lo demostró en el 2-1.


Despistes atrás poco habituales. El inicio del choque deparó la desagradable sorpresa de comprobar la debilidad de una hasta ahora granítica defensa realista. Dos despistes pusieron cuesta arriba el partido. En la acción del 1-0 Carlos Martínez no logra impedir el centro de Simao pero es que a Mikel González le pilla en tierra de nadie -debió querer salir a la cobertura del navarro-, ya que no intercepta el envío y no defiende zona de remate rival, con lo que Sergio le gana fácilmente la delantera a Iñigo Martínez.
En el 2-1 de Stuani sucedió algo parecido con el arrasatearra, quien sale fuera de su zona a perseguir a Sergio en un saque de banda, cuando estaba allí Markel Bergara sin nadie a quien marcar, y deja una puerta abierta que hace bascular a toda la defensa blanquiazul y crea un hueco que el uruguayo aprovecha para ganar la acción a De la Bella. Dos despistes que pagó caro la Real pero que ya no se producirían más en la segunda parte.

Una Real estática al comienzo... Si algo ha caracterizado al cuadro txuri urdin en la presente temporada es la movilidad de sus jugadores en campo contrario. Esta vez comenzó más estática que de costumbre y se notó en la falta de producción de jugadas ofensivas antes del descanso. La ausencia de Vela y Chory restó velocidad y capacidad de improvisación al ataque, pero es que al jugar a pierna natural Prieto y Griezmann, sus posibilidades se redujeron considerablemente. Además, al actuar con Illarramendi y Zurutuza en una especie de 1-4-1-4-1 avanzados por delante de Markel Bergara, las opciones para que los dos jugadores más desequilibrantes, Prieto y Griezmann, pudiera jugar entre líneas eran casi inexistentes, quedando escorados en la banda sin apenas oportunidades de intervenir. Quizás por eso en la primera mitad sólo la exquisitez de Zurutuza en el 1-1 puede anotarse en el bagaje ofensivo realista.

...Y frenética al final. Tras el descanso la decoración cambió radicalmente. Es cierto que la Real tenía que arriesgar ante un equipo bien agazapado para buscar el empate, pero terminó por encontrar su verdadero juego en unas circunstancias nada propicias hasta acabar mereciendo más que un punto. Griezmann, tras un buen pase de Illarramendi, y Agirretxe, tras una nueva asistencia del mutrikuarra, pusieron a prueba los nervios de la parroquia local. El Espanyol también quería salir a la contra y Zubikarai estuvo muy atento para desbaratar un disparo de Verdú que pudo haber finiquitado el choque.

A falta de media hora Montanier movió el banquillo. Retiró a Markel, situó a Zurutuza e Illarramendi de mediocentros con Prieto en la mediapunta. Y en ese momento surgió la figura de Prieto para liderar a una Real que pasó por encima de su rival al final. La entrada de Rubén Pardo acentuó esa superioridad, pero Casilla y algún fuera de juego mal señalado impidieron a los blanquiazules completar la remontada.
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